Me gusta la espuma del mar, me gustan las galletas Oreo, me gusta dormir, me gusta el cielo, me gusta sentir calor cuando me da el sol en la cara, me gusta el sonido de las olas, me gusta cantar en la ducha, bueno… Me encanta cantar en la ducha. Me gustan las caricias que me quitan el pelo de la cara, me gustan las sonrisas y las horas interminables hablando. Me gusta romper el papel por las líneas de puntos, chupar el Cola·Cao que se queda pegado en la cuchara. Me gusta acercar la cara a los ventiladores y gritar, me encanta gritar y sentirme libre. Me gusta explotar burbujas, me gusta reír, me gusta el color gris, el azul, el negro, el rosa y el violeta. Me gusta coger la nata con el dedo y ponérsela a alguien en la nariz. Me gusta la gente que escribe en cualquier sitio, en servilletas, cuadernos, manos, paredes… Me encanta salir de mi realidad durante muchas horas. Me gustan los cuentos que acaban bien. Me gustan los corazones dibujados en los árboles, me gusta el olor a gasolina y pintura, a nuevo y a papel. Me gusta el olor de las personas y también el recuerdo que ese olor me trae. Me gusta el olor a lluvia, a café recién hecho y a tostadas. Me gusta la gente que se besa por la calle, me gustan ver el atardecer. Me gustan los zapatos de tacón y las gafas de sol. Me gusta abrir un libro y ver fotografías viejas o entradas de cine. Me gustan las cosas pequeñas y los detalles. No me gustan las marcas, pero sí las señales. Me gusta ser niña y adulta a la vez. No me gusta crecer, ni tomar decisiones pero me gusta vivir. Me gusta mi pelo, pero odio mi nariz. Me gusta abrazar y que me abracen. Y el calor, me encanta el calor. Me encanta el silencio y la música. Me gusta lo moderno. Me gustan las noches, ver la luna desde el balcón y las películas de amor. Pero lo que más me gusta y nunca lo podré negar es lo bien que me siento cuando tengo un día de resaca, porque si la tienes, es porque te lo has pasado tan bien que hasta el cuerpo lo ha notado.
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